Camino a la paz


Hace unos días se celebró el Día Internacional de la Paz. Los humanos tenemos la tendencia a separar fechas para celebrar determinados eventos. Es en estos momentos simbólicos, donde ponemos toda nuestra atención y, de esta forma, reconocemos sucesos especiales y marcamos una historia que siempre viaja del pasado al futuro.

La verdadera paz, no tiene día, no tiene forma, no tiene color, no es tangible, no huele, no se desgarra, no se carga en una cartera, automóvil, no tiene sabor. La verdadera paz Es. Se siente cuando no hay ni un rasguño de miedo, culpa e incoherencia en nuestro interior.

La Paz no es algo que se aprende, porque ella en sí misma está todo el tiempo presente, quieta y silenciosa. No hace proyecciones a futuro, no compara, ni tiene metas gigantes, no entiende esta locura que el ego ha diseñado a través de un sistema de pensamiento. Lo único que podemos hacer para lograrla es reconocer que no somos los programas, creencias, mitos, arquetipos e historias de la mente.

El ego dice: da poco y trata de recibir mucho. Nunca hallarás paz a través de tratados desiguales. En toda guerra no hay ganadores, ni perdedores; hay víctimas y victimarios, lo cual es lo mismo, porque las luchas se generan desde el miedo y quienes más ansían, más miedo poseen, mas enemigos ilusorios abrigan y más acreditan en ello.

Por lo tanto, La Paz es el reconocimiento perfecto de la pureza de la que nadie está excluido – dice un Curso de Milagros. ¿Y si no podemos estar fuera de ella, para qué los humanos seguimos enfrascados en la guerra?

Engendramos una falsa identidad porque nos sentimos carentes y en honor a esa carencia establecemos todas nuestras relaciones, las cuales se mueven entre el amor y el odio. Es sobre la creencia de separación donde se montan los movimientos belicistas. Digamos, desde una riña familiar hasta el bombardeo de un país. Comprender esto nos permite cambiar el motor de nuestra vida hacia un espacio más amoroso y veraz.

Para qué construir la calma, si eso es lo que somos? Se puede fabricar al SER? Observemos adentro.

Dejemos de “negar que eres independiente de la Fuente, por la cual fuiste creado y que nunca has abandonado”. Eres perfecto y maravilloso siempre como La Paz misma. Los escenarios que vives son para vivirlos conscientemente a cada paso, comprometerse en ello hace que la vida sea auténtica y valiosa.

Voto por ello.

Sandra Pérez